Tras las huellas de Híspalis
Tras las huellas de Híspalis: Un recorrido por la Sevilla romana y su entorno
En esta ocasión vamos a conocer el rico legado romano que aún perdura en Sevilla y su entorno. Este recorrido histórico-arqueológico incluirá visitas a los restos romanos conservados en la ciudad de Sevilla (Hispalis en época romana), así como a Itálica, Carmona y Munigua, municipios clave en el tejido urbano y económico de la provincia Bética durante el Imperio romano.
Estaremos acompañados de grandes investigadores, la Dra. María Limón, de la Universidad de Sevilla, el Dr. Jose María Luzón, catedrático de Arqueología y miembro de la Academia de San Fernando, y la Dra. María Belén Deamos, jubilada en la Universidad de Sevilla y directora científica de las excavaciones de Carmona durante muchos años.
Contexto histórico de Híspalis
Híspalis fue fundada por los romanos alrededor del siglo II a. C., tras la conquista de la región por las tropas de Escipión el Africano durante la Segunda Guerra Púnica contra los cartagineses. La ciudad se ubicó sobre un asentamiento prerromano en un enclave estratégico junto al río Betis (actual Guadalquivir), consolidándose como un importante centro comercial y administrativo de la provincia Bética. Su ubicación privilegiada facilitó el comercio marítimo y fluvial, conectando la ciudad con otros puntos del Imperio romano y asegurando su prosperidad. Durante la época de Augusto, Híspalis fue elevada a la categoría de municipio, dotándola de instituciones propias y promoviendo su desarrollo urbano con infraestructuras como el foro, templos y murallas.
Híspalis destacaba por su diversidad económica basada, además de en el comercio, en la agricultura, la producción de aceite de oliva —exportado a Roma en grandes cantidades en ánforas béticas—, y la pesca, que sustentaba una floreciente industria de salazón y garum.
Itálica, cuna de emperadores
Fundada en el 206 a. C. tras la batalla de Ilipa, Itálica (en la actual Santiponce) fue la primera ciudad romana establecida en Hispania. Durante la época imperial, se transformó en una ciudad próspera y monumental, famosa por ser la cuna de los emperadores Trajano y Adriano, quienes quisieron ambos engrandecer su lugar de origen. Su anfiteatro, termas y casas decoradas con mosaicos son reflejo de su esplendor. Aunque su importancia política y económica decayó con el tiempo, Itálica desempeñó un papel clave en la temprana romanización del territorio bético.
Carmona, fortaleza estratégica
Situada en una posición elevada que dominaba las rutas comerciales hacia el interior de la península, Carmona fue un enclave estratégico tanto en época prerromana como romana. Su necrópolis, una de las más importantes de Hispania, y su anfiteatro son testimonios del peso cultural y económico de esta ciudad. Carmona se benefició del comercio agrícola, especialmente de cereales y aceite, y su proximidad a Híspalis la convirtió en un socio comercial relevante.
Munigua, un santuario entre colinas
Munigua (en la actual Villanueva del Río y Minas), menos conocida pero fascinante, fue un pequeño municipio romano ubicado en la sierra norte de Sevilla. Destacó por su complejo arquitectónico monumental dedicado a la religión y su conexión con la minería de la región, particularmente de hierro y cobre. La ciudad muestra cómo incluso los núcleos menores estaban integrados en la red económica de la Bética.
Un viaje al corazón de la Bética romana
Este recorrido nos permitirá entender el papel de Híspalis como núcleo urbano clave en el tejido económico y social de la provincia Bética. La visita pondrá en contexto la interdependencia entre estos municipios, su especialización económica y su relevancia en el desarrollo de la región en época romana.
A través de esta experiencia, descubriremos cómo el legado romano sigue vivo en Sevilla y su entorno, dejando huellas indelebles en la historia y el paisaje de Andalucía.
CRONICA DEL VIAJE A HISPALIS
Tras las huellas de Híspalis: Un viaje para conocer el rico legado romano de Sevilla y su entorno, Hispalis y su territorio: la Bética.
Por fin había llegado el momento de que AMAN dedicase un viaje monográfico al mundo romano y qué mejor elección que Hispalis y su territorio en la Bética. Sevilla y su provincia fueron espacios clave en la historia de Hispania y del imperio romano.
En esta ocasión íbamos a conocer el rico legado arqueológico que aún perdura en Sevilla y su entorno. Este recorrido incluía visitas a los restos romanos conservados en la ciudad de Sevilla (Hispalis), así como a Itálica, Carmona y Munigua, municipios relevantes en el tejido urbano y económico de la Bética.
El programa del viaje, el itinerario de visitas y los acompañantes que nos iban a guiar auguraban a los viajeros el disfrute de unos días muy especiales en Andalucía.

El grupo en el jardín del Palacio de Lebrija (Sevilla) (Foto Belén Martínez)
La cita era en Atocha para viajar en tren a Sevilla en la siempre complicada hora del comienzo del fin de semana. Para muchos era el primer contacto con las nuevas compañías de trenes de alta velocidad pero la elegida resultó ser igual que lo que ya conocíamos: un retraso de unas dos horas que aprovechamos para comentar entre nosotros las expectativas de cada uno ante el nuevo viaje.
Llegamos a una Sevilla envuelta en azul, el color de los árboles de jacaranda que inundaban la ciudad, nos instalamos en el hotel y después de una cena rápida nos fuimos a descansar para estar bien preparados ante lo que nos esperaba.
Hispalis
La primera jornada la dedicamos a la ciudad, tras las huellas de Hispalis. Comenzamos en pleno centro donde nos esperaba la primera de nuestras acompañantes, María Limón. El punto de encuentro era un fragmento de vía romana que, después de diversos avatares, ha sido recreada con los materiales originales. Un ejemplo de la complejidad que supone rehacer la densa historia de Sevilla de tantos siglos que han ido dejando testimonios arqueológicos que afloran al compás del crecimiento de la ciudad y la evolución de la investigación. A pocos metros visitamos el Patio de Banderas del Real Alcázar, asentado sobre una buena cantidad de restos romanos todavía en estudio.

En el Patio de Banderas del Real Alcázar, con María Belén (Foto Margarita Pereda)
Con su temprano asentamiento romano en un enclave estratégico junto al rio Betis la ciudad alcanzó el rango de municipio en el año 27 a. C. Este emplazamiento facilitó su consolidación como un importante centro comercial y administrativo de la provincia Bética, con infraestructuras urbanas como el foro, templos, anfiteatro, murallas y acueducto.
Antiquarium
Con un excelente relato sobre la ciudad y un buen dossier gráfico que nos entregó, Maria Limón nos facilitó la comprensión de la evolución geográfica, topográfica y urbana de la Hispalis prerromana y romana. Y así, callejeando visitamos el muy interesante Antiquarium en la Plaza de la Encarnación, espacio arqueológico de cerca de 5.000 m2, muy bien preparado para la visita, mostrando diferentes etapas históricas de la ciudad, con mayoritaria presencia de la época romana, resultado espectacular de las excavaciones realizadas para un proyectado aparcamiento que, por fortuna, nunca llegó a realizarse.

Antiquarium, Plaza de la Encarnación (Foto Rafael Calvo)

Antiquarium, Plaza de la Encarnación (Foto Andrés Carretero)

Antiquarium, Plaza de la Encarnación (Foto José Ángel Rivera)
En el espacio expositivo se conservan calles empedradas, cloacas, domus romanas con pavimentos de mosaicos y mármoles, decoración escultórica, ánforas del comercio de aceite, y un sinfín de materiales que ofrecen una interesante visión de la vida cotidiana. También se puede ver una factoría de salazones con su conjunto de piletas para maceración de pescados.
Palacio de Lebrija
A continuación visitamos el Palacio de Lebrija en la calle Cuna. El Palacio original data del siglo XVI, pero el que hoy vemos comienza realmente cuando lo compra en 1901 la Condesa de Lebrija, Regla Manjón Mergelina, apasionada por la arqueología, la primera mujer académica de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, académica correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y miembro de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la provincia de Sevilla.

Palacio de Lebrija, Sevilla (Foto José Ángel Rivera)

Grupo en el patio del Palacio de Lebrija, Sevilla (Foto Belén Martínez)
Destaca y sorprende la colección de mosaicos romanos, que adquiría en su mayoría en Itálica mientras iba adaptando la restauración de la planta baja del Palacio para recibirlos, zócalos de azulejos y artesonados procedentes de conventos, así como gran número de piezas arqueológicas y artísticas de diferentes épocas y procedencias. Tiene también una colección de pintura en la que destaca un retrato de la Condesa realizado por Sorolla.

Palacio de Lebrija, con José Mária Luzón y María Limón (Foto Margarita Pereda)

Escalera del Palacio de Lebrija (Foto Margarita Pereda)

Pequeña Venus Calipigia, Palacio de Lebrija (Foto José Ángel Rivera)
Esta visita fue guiada por Jose María Luzón lo que nos facilitó la comprensión del Palacio y la variopinta y abigarrada colección de objetos y mobiliario que encierra, fruto de la peculiar personalidad y dedicación de la condesa de Lebrija. Finalizada esta detallada visita de la jornada de mañana, en la que Maria Limón combinó muy acertadamente la visita a los lugares previstos con las explicaciones sobre la ciudad romana que propiciaba nuestro recorrido urbano, llegó el momento de reponer fuerzas en el restaurante Modesto donde nos preparamos de forma muy conveniente para la visita que nos esperaba por la tarde, la Colonia Aelia Augusta Itálica.
Itálica
Italica no es una más de las ciudades fundadas por los romanos para ultimar su conquista y asentar su poder en territorios hispánicos ricos en agricultura y minería y de gran valor estratégico. Itálica por sus especiales circunstancias representa muchas cosas que en otras ciudades hispanorromanas no se dieron o no fueron tan patentes o que simplemente desconocemos.
Los visitantes llegamos con una información que, aunque sea básica, nos evoca un pasado de extraordinario valor arqueológico e histórico. Italica se asocia a grandes personajes de gran importancia en la historia de Roma: Escipión, Augusto, y sobre todo los emperadores Trajano y Adriano oriundos de la ciudad. La visita de la ciudad no decepciona nunca, y mucho menos de la mano de José María Luzón.

Anfiteatro, Itálica (Foto Iván Gutiérrez)

Grupo en el anfiteatro de Itálica (Foto F. Javier Magaz)
La magnitud de las ruinas conservadas y la calidad de los hallazgos atrajo desde muy temprano a estudiosos, eruditos, coleccionistas, aficionados, y por supuesto expoliadores y comerciantes de antigüedades. También lamentablemente los restos fueron cantera para posteriores construcciones del entorno. Hay que resaltar el papel de los viajeros extranjeros que en sus textos y en sus dibujos nos dejaron sus impresiones y testimonios que nos permiten conocer cosas hoy desaparecidas.
La Desamortización contribuyó enormemente al despojo con la parcelación y venta del yacimiento entonces en manos del monasterio cisterciense de San Isidoro del Campo. Las excavaciones del siglo XVIII proporcionaron importantes y numerosos hallazgos escultóricos y epigráficos de la mayor calidad que ayudaron a perfilar la historia de la ciudad. En 1911 la Academia de San Fernando promovió la declaración de Monumento Nacional para proteger las ruinas del continuo expolio.
El resultado es un enorme caudal de datos recuperados que permiten reconstruir la fundación, la existencia y la evolución de la ciudad a lo largo de los siglos, su vida económica, social, cultural y administrativa.
Los orígenes de Itálica se remontan al año 206 a.C. en el contexto de la segunda guerra púnica, entre romanos y cartagineses, con un primer asentamiento militar romano en el lugar donde ya existía una población turdetana. Publio Cornelio Escipión Africano realizó esta operación estratégica para implantar el poder de Roma en el sur de Hispania, tras la victoria de Ilipa. En la segunda mitad del siglo I a. C. la ciudad adquiere el estatuto de municipio y más tarde en época de Adriano el de colonia.

Termas, Itálica (Foto José Angel Rivera)
Ubicada en el Bajo Guadalquivir, a medio camino entre Sevilla (Hispalis) y Alcalá del Río (Ilipa), en la actual Santiponce, desempeñó un importante papel estratégico, político, económico y artístico en la historia de la Hispania romana.
Consecuencia de esta importancia son las potentes y magníficas ruinas que han llegado hasta nosotros. Visitamos con detalle el anfiteatro, el teatro, las termas y las grandes domus con espectaculares pavimentos de mosaico y mármol. Hablamos de esculturas icónicas como las de Diana, Adriano, Trajano, mosaicos como el de los planetas, los pájaros, los amores de Zeus, objetos como el bronce jurídico Aes italicienses.

Domus, Itálica (Foto Rafael Calvo)
Mientras, José María Luzón sumaba a sus explicaciones su exquisita erudición y profundo conocimiento del yacimiento. En los años setenta, bajo su dirección, se excavaron grandes áreas de la ciudad y se inició una etapa de investigación que obtuvo grandes resultados y avances en el conocimiento tanto de la trama urbana, las infraestructuras, los edificios monumentales públicos y la arquitectura doméstica de las grandes domus de las élites asi como de la escultura y epigrafía.

Teatro, Itálica (Foto José Ángel Rivera)
Y así, con la mirada y la imaginación recreando lo que nos aportaban las ruinas, los datos y los relatos de nuestros prestigiosos guías dimos por terminada la intensa jornada.
Carmona
El sábado estaba destinado a visitar Carmona. Con una situación privilegiada a la que debe su temprana y prolongada existencia de la que conserva abundantes testimonios de su pasado, Carmona jugó un papel fundamental en la historia de la Betica.
Comenzamos la visita con un paseo urbano que nos fue introduciendo en la rica estratigrafía de la ciudad cuyo poblamiento comenzó en fechas muy tempranas y se sucedió en el mismo espacio hasta el día de hoy. Un sitio elevado de fácil defensa y valor estratégico, con recursos naturales, con control del territorio y de las vías de comunicación.
En la etapa cartaginesa Carmona fue un importante enclave como demuestran la muralla y obras defensivas como el imponente torreón de sillares almohadillados que hoy forma parte de la Puerta de Sevilla, a la que subimos en una interesante visita que nos ofreció la visión del paisaje del valle del Guadalquivir.

El valle del Guadalquivir desde la muralla de Carmona (Foto Andrés Carretero)
Con esta aproximación a la historia de Carmona dirigimos nuestra atención al objetivo principal de nuestra visita, la necrópolis y el anfiteatro.
El hallazgo de la necrópolis, uno de los conjuntos funerarios romanos de mayor extensión y mejor conservada de la península, tuvo lugar de forma fortuita en 1868. El descubrimiento trajo consigo sucesivos expolios, hasta que en 1881 Juan Fernández López y George Bonsor iniciaron un proyecto científico de prospección del yacimiento, para lo que adquirieron los terrenos. El descubrimiento y musealización de la necrópolis, pionero en España, fue el primer yacimiento excavado de forma sistemática y abierto a la visita pública en 1885 y también el primer museo de sitio.
En 1930, donaron los terrenos al Estado que los declaró Monumento Histórico-Artístico en 1931, y desde 2003 está declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de zona arqueológica. La actual denominación de Conjunto Arqueológico de Carmona incluye la necrópolis, el anfiteatro y el museo.

Madrugando, con María Belén, para llegar pronto a la necrópolis de Carmona (Foto Rafael Calvo)
Los enterramientos son de incineración en tumbas colectivas familiares, con cámaras excavadas en la roca a las que se accede mediante un pozo, que suelen disponer de nichos para alojar urnas donde se conservaban los restos de la cremación, así como de un banco perimetral. En superficie los enterramientos podían estar señalizados con cipos, estelas, túmulos o construcciones tipo mausoleo.

Tumba con mausoleo, Carmona (Foto Belén Martínez)
Esta planta básica suele complicarse con la aparición de diversas cámaras, hornacinas, altares, escaleras y pasillos, como pudimos apreciar en nuestro recorrido.

Tumba del ustrinum, Carmona (Foto Rafael Calvo)
Junto a este tipo de tumbas, las más habituales, hay otras variantes con patios a cielo abierto. Lo vimos en la espectacular tumba de Servilia que se desarrolla en torno a un patio central con doble línea de columnas con acceso a un pasillo hipogeo que llegaba hasta la cámara fúnebre, excavada en la roca y sostenida por unas imponentes arcadas. Otro aspecto a destacar es la decoración pictórica que decoraba las cámaras funerarias que se conserva entre otras en las tumbas de Servilia, Postumio y de las guirnaldas.

Tumba de Servilia, Carmona (Foto Andrés Carretero)

Grupo en la tumba de Servilia (Foto Belén Martínez)
Desde el primer momento de la visita sientes estar ante un yacimiento único, muy distinto a las necrópolis romanas habituales. El espacio en el que se sitúan y cómo se distribuyen los enterramientos, los ajuares y materiales procedentes de las excavaciones, las pinturas, ese exótico elefante procedente de la tumba así llamada… percibes ecos de culturas como la púnica y etrusca y todo ello conforma un paisaje arqueológico más rico y complejo de lo esperado.
Por fortuna nos guiaba en la visita María Belén que a su notable formación arqueológica suma su estrecha vinculación con Carmona habiendo participando en las excavaciones de las necrópolis y el anfiteatro y dirigido el Museo, plasmando en numerosas publicaciones los resultados de sus investigaciones. Ella, con sus explicaciones aclaró nuestras dudas y nos aportó los datos que necesitábamos para entender lo que estábamos visitando, un yacimiento único, el primero abierto a la visita pública en nuestro país y un museo en que se completa la información con los hallazgos de las excavaciones.

Anfiteatro, Carmona
A continuación fuimos a ver el anfiteatro, también descubierto por Bonsor-Fdez. López en 1885, quienes hicieron algunos sondeos que permitieron trazar un plano y elaborar una pequeña memoria de la importancia del descubrimiento. Fue excavado al completo en los años 70 por Concepción Fernández-Chicarro, directora del Museo Arqueológico de Sevilla, se considera el más antiguo de la península, fechado a mitad del siglo I a.C., se clasifica en el reducido grupo de los anfiteatros republicanos, el único bien documentado fuera de la península itálica, de factura muy arcaica y se relaciona directamente con el anfiteatro conocido más antiguo, el de Pompeya, con el que comparte características exclusivas.
Para su construcción se buscó un lugar con la topografía idónea aprovechando una vaguada natural entre dos colinas, de tal forma que la arena y la casi totalidad de la cávea se talló en la roca. El graderío se apoyó sobre unas laderas ocupadas por estructuras funerarias y con posterioridad, su entorno inmediato estuvo rodeado de necrópolis.
Con la visión del anfiteatro desde el mirador que facilita su observación y atendidas las explicaciones de María Belén, quien excavó tanto el monumento como las necrópolis, y tras una corta visita al Museo de Carmona para contemplar algunas piezas fundamentales, dimos por terminada la intensa y completa visita a Carmona para completar el programa del dia en la Casa de Pilatos de Sevilla.

En el Museo de Carmona (Foto Yanyan Huang)
Casa de Pilatos
El interés que nos suscitó la visita a Carmona con sus singulares escenarios de la necrópolis y el anfiteatro provocó un retraso inevitable en el horario programado lo que nos hizo llegar a la siguiente visita, la Casa de Pilatos, en pleno casco histórico de Sevilla, muy poco tiempo antes de su cierre. Hicimos pues un recorrido general muy breve que supuso un acercamiento a la grandiosidad del palacio, fruto de los intereses de sus sucesivos propietarios, su arquitectura, gótica, mudéjar, renacentista, la riqueza de sus colecciones como la de escultura clásica, la belleza de sus patios y jardines.

Casa de Pilatos (Foto José Angel Rivera)

Casa de Pilatos

Artesonado de casetones del Salón del Pretorio, Casa de Pilatos (Foto José Ángel Rivera)
Munigua
La mañana del domingo estaba destinada a la visita de Munigua, municipio romano cuya existencia se remonta a época republicana con origen en la explotación de las minas de hierro y cobre de su entorno. Conserva restos de las termas, el caserío doméstico, necrópolis y un grandioso templo dedicado a una divinidad local. Situada en un terreno montañoso, la estructura urbana se organiza en terrazas escalonadas lo que da al yacimiento una imagen especial y que, siendo menos conocido, despertaba grandes expectativas en los viajeros.
Con estos estímulos íbamos ilusionados a visitar Munigua, pero el destino nos tenía preparada una sorpresa. Ya cerca del yacimiento, en la entrada a la localidad de Villanueva del Río y Minas (la toponimia siempre sabia) nos dio el alto la Guardia Civil ante la pequeña carretera que debíamos transitar ocupada por numerosos tractores, que en lugar de remolques arrastraban carretas, en las que los vecinos del pueblo se disponían a realizar un corto y animado trayecto en romería a la cercana ermita de Santa Bárbara.
Tanto los guardias como algunos vecinos nos informaron que el autobús no podía llegar al yacimiento por algunos puntos conflictivos de la carretera... Estupefactos ante la situación, comenzó una larga negociación y llamadas telefónicas, puesto que el equipo organizador del viaje había comprobado y confirmado una y mil veces con los responsables en cada caso el itinerario, accesos, aparcamiento y demás condicionantes para un autobús como el nuestro. Pero no hubo manera de seguir adelante. Mientras tanto los vecinos, conscientes del contratiempo, intentaban distraernos y consolarnos ofreciéndonos cervezas, jamón, bailes y cantes que agradecimos mucho.

Romería en Villanueva del Río y Minas, camino de Munigua (Foto Yanyan Huang)
Munigua se quedó como buena excusa para un nuevo viaje en el que resarcirnos de lo que en este no pudimos conocer de su brillante pasado. Y así volvimos a Sevilla donde dispusimos de tiempo inesperado para un paseo antes de comer y cogimos el tren de vuelta esta vez, afortunadamente, puntual y sin incidencias.
Los guías
Sabemos que AMAN dedica una atención exquisita a la selección de los especialistas que acompañan y guían las visitas de los viajes que organiza. Este viaje a Sevilla alcanzó un máximo de calidad al contar con tres expertos excepcionales: Jose Maria Luzón, Maria Belen y Maria Limón.
La Dra. María Belén Deamos fue profesora titular de Prehistoria en la Universidad de Sevilla y una figura clave en la arqueología del sur peninsular. Su amplia trayectoria combina investigación académica y trabajo de campo en yacimientos emblemáticos como Carmona, Niebla y Huelva. Con una carrera dedicada al estudio de las culturas protohistóricas, arqueología funeraria e historia de las religiones antiguas, ha profundizado en las culturas tartésica y fenicio-púnica. Su estrecha vinculación con Carmona es especialmente destacada, participando durante años en excavaciones y publicaciones sobre su necrópolis romana y otros aspectos del urbanismo antiguo. Su conocimiento profundo de la historia y arqueología de Sevilla y su entorno la convirtió en una guía excepcional para este recorrido por la Bética romana.
El Dr. José María Luzón Nogué es una figura esencial en la arqueología clásica y un profundo conocedor del legado romano en Hispania. Su carrera académica lo llevó a ocupar cátedras en diversas universidades, culminando como catedrático de Arqueología en la Universidad Complutense de Madrid. En el ámbito institucional, fue Director General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, dirigió el Museo Arqueológico Nacional y el Museo del Prado. Especialista en ciudades hispanorromanas, escultura clásica y coleccionismo, ha liderado excavaciones en Itálica y dirige el proyecto de la Casa de la Diana Arcaizante en Pompeya integrando nuevas tecnologías en la investigación arqueológica. Académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, cuyo museo también dirigió, su obra combina erudición y pasión divulgativa. Su participación en este viaje aportó una mirada única sobre Itálica, conectando el pasado con el presente de manera vívida y accesible.
La Dra. María Limón Belén es profesora titular de Filología Latina en la Universidad de Sevilla y especialista en epigrafía latina. Su investigación se centra en las inscripciones latinas en verso, especialmente en Roma y en la antigua Hispania, con una amplia bibliografía y proyectos internacionales sobre la cultura escrita en la Antigüedad. Como divulgadora apasionada y guía excepcional, la Dra. Limón contribuye a hacer del mundo clásico un espacio cercano, vivo y comprensible. Su conocimiento profundo del pasado romano de Sevilla y la Bética nos ofreció en este viaje en una experiencia única de diálogo entre la historia y la ciudad.
Todos los viajes de AMAN están minuciosa y perfectamente programados y preparados para que tanto el interés y el valor de las visitas, de los guías y acompañantes científicos, como los aspectos logísticos y hasta el más mínimo detalle estén al máximo nivel de interés, calidad, seguridad y comodidad para los viajeros. Esta vez las características del viaje con la combinación de autobús y trenes, las visitas en espacios urbanos y rurales, que exigían numerosos desplazamientos, extensos recorridos y detalladas explicaciones, hicieron más elevado el nivel de riesgo en lo que se refiere al cumplimiento del programa. Aún así, los viajeros, como ya es habitual, hicieron un gran esfuerzo actuando con puntualidad estricta, amabilidad y buena disposición ante los contratiempos ajenos a la organización. Una vez más debemos agradecer a ambos, organizadores y viajeros, el haber podido conocer, aprender y disfrutar de un extraordinario viaje arqueológico a una de las zonas más representativas de la Hispania romana.
Paloma Acuña Fernández

