Las Médulas

Lugar: Astorga, Las Médulas (León)

Fechas: 12-14 de junio de 2025

Inscripción abierta: 25 de abril

Las Médulas y Asturica Augusta (León)

La mina de oro de Las Médulas es la más grande del mundo antiguo. A lo largo de los dos primeros siglos de nuestra Era fue explotada por Roma con el empleo de la fuerza hidráulica, según atestiguan sus más de 800 kilómetros de canales y sus 39 depósitos de agua aún reconocibles.
El desmonte minero de 200 millones de toneladas y el relleno de una superficie equivalente con los estériles resultantes cambiaron la topografía del terreno y dieron lugar a un auténtico paisaje cultural. Se trata de la huella visible de todo un proceso histórico, singular en sí mismo pero representativo de la actividad llevada a cabo en todo el noroeste peninsular y otras zonas europeas.
En el paisaje cultural de Las Médulas quedó reflejada la interacción entre la naturaleza y las comunidades que la explotaron. Estas últimas son conocidas desde la época prerromana, cuando ocupan castros con unas formas de vida autosuficiente, hasta época romana, cuando no sólo aumenta su número sino que se jerarquizan y diversifican funcionalmente, al integrarse dentro de una nueva organización social y política: el Imperio Romano.
Astorga, la antigua Asturica Augusta, se convirtió en esos primeros siglos del Imperio en la capital de las zonas mineras de Asturia, Gallaecia y Lusitania. Aún son visibles en diversas zonas de la ciudad los restos de su compleja trama urbana: fosos del recinto legionario, murallas, termas, domus y cloacas.
En el Museo Romano, que aprovecha una de esas estructuras antiguas del centro monumental, se exponen buena parte de los hallazgos de las recientes excavaciones.
A lo largo del viaje estaremos acompañados por el investigador Javier Sánchez-Palencia, Profesor ad honorem, del Instituto de Historia del CSIC, y principal estudioso del complejo de Las Médulas.

Crónica del viaje arqueológico a Las Médulas y Asturica Augusta

Las Médulas, desde el mirador de Orellán (Foto Yanyan Huang)

Las Médulas, desde el mirador de Orellán (Foto Yanyan Huang)

Introducción

Con el fin de conocer la huella del imperio romano en zonas auríferas en el noroeste de la península, se planteó AMAN para el pasado mes de junio un viaje al patrimonio mundial de Las Médulas y Astorga en León, enfocado en la explotación de las minas y su administración como un ejemplo destacado de la organización de actividades económicas romanas en Hispania. En pocas ocasiones se tiene que avisar del tremendo esfuerzo físico implicado en un viaje, como esta vez con las Medulas, y aun así, se apuntaron muchos socios demostrando la atracción del destino elegido y el entusiasmo por la arqueología e historia como siempre.

Las Médulas

Después de horas de desplazamiento en el bus, llegamos al campamento base de la estancia en las Médulas, el Complejo Rural Ágoga, denominado a partir del nombre de los canales de lavado en las minas, donde íbamos a restaurar y alojar (también en Palleiro (Orellán) y La Peregrina (Carucedo), ya que ningún establecimiento tiene suficiente capacidad para atender a un grupo grande de 39 personas). Ágoga se encuentra en el corazón de las Médulas, escondido al pie de los montes cortantes que se mantienen inalterados después del abandono de la explotación romana debido a la ausencia de actividades industriales posteriores. Formado por un gran restaurante y una docena de bonitas casas rurales y apartamentos turísticos bien cuidados, el complejo emite un encanto lírico y transmite una tranquilidad que nos ayuda a descansar, después de una ligera pero deliciosa cena y la aventura de localizar los apartamentos de cada uno en plena oscuridad.

Complejo Rural Ágoga, Las Médulas (Foto Yanyan Huang)

Complejo Rural Ágoga, Las Médulas (Foto Yanyan Huang)

Al día siguiente, desayunados y reunidos en Ágoga desde los distintos complejos, nos dividimos en seis vehículos 4×4, un enorme gesto por parte de los locales que nos iba a ahorrar horas de caminata bajo el sol abrasador, para iniciar una jornada intensa en las Médulas. Teníamos la suerte de contar con Javier Sánchez-Palencia (Profesor ad honorem, Instituto de Historia, CSIC) como cicerón de las visitas y coordinador de organización del viaje, quien ha dedicado las últimas décadas a la investigación, documentación y conservación de la zona arqueológica de las Médulas, además de impulsar su declaración como Patrimonio Mundial en 1997.

La caravana en marcha a Castrelín de San Juan (Foto Carmen Cabrera)

La caravana en marcha a Castrelín de San Juan (Foto Carmen Cabrera)

Siguiendo el mismo espíritu meticuloso y criterio estricto, Javier nos había enviado un extenso dossier sobre las Médulas, y diseñó un itinerario todo-inclusivo con múltiples paradas en las cuales explicar aspectos concretos de la tecnología e infraestructuras empleadas en la antigua mina de oro, con el objetivo de presentarnos una imagen global del complejo proceso de minería romana y su impacto en los paisajes de las Médulas hasta el día de hoy. Las explicaciones se centran en tres elementos principales: (1) los sistemas de explotación minera, (2) el sistema hidráulico documentado en la mina de oro, (3) así como sus conexiones con el poblamiento antiguo de la zona.

Medulas plano general del recorrido

Medulas plano general del recorrido

  • El Castrelín de San Juan de Paluezas (7)

Iniciamos el recorrido en el principal asentamiento conocido del periodo castreño prerromano en la zona de Las Médulas, entre los siglos III y I a.C. Se sitúa sobre un espolón definido por dos encajados arroyos, en la margen izquierda del río Sil que discurre a su pie tras una caída de 130 m, de tal forma que desde el castro se domina visualmente casi todo El Bierzo. Fue excavado por Javier junto a la arqueóloga Mª Dolores Fernández-Posse (Pachula), a quien recordamos con respeto y cariño.

Llegada al Castrelín de San Juan (Foto Javier Magaz)

Llegada al Castrelín de San Juan (Foto Javier Magaz)

El castro consta de dos recintos protegidos por una muralla, sumando la superficie total habitable 2.5 hectáreas. El hecho de que todas las estructuras fueron levantadas con el esquisto blando del terreno, de fácil exfoliación, hace difícil su conservación. Eso determinó la decisión de no liberar la muralla y de rellenar con tierra las construcciones de las fases más antiguas una vez documentadas. Lo poco que hoy podemos observar corresponde al último momento de su ocupación. Nos enseñó Javier cómo distinguir distintas unidades familiares de viviendas (no comparten paredes medianeras) e identificar estancias con distintas funciones: cocina con hogar, almacén con protección contra la humedad, habitación, taller o patio, siendo las primeras dos imprescindibles en cada unidad, lo cual indica una fuerte independencia económica y social entre las diferentes unidades.

Castrelín de San Juan (Foto Carmen Cabrera)

Castrelín de San Juan (Foto Carmen Cabrera)

En la ronda de preguntas, lanzamos curiosidades sobre todos los aspectos de la vida prerromana en el castro, desde dieta, producción e intercambio, hasta necrópolis, religión y escritura. Y con las respuestas, pudimos recrear las escenas cotidianas de una comunidad de entre 100 y 200 habitantes, que vivían de la agricultura y la ganadería de forma casi autosuficiente, fabricando todo su utillaje, incluida la cerámica a mano propia de la Cultura Castreña del Noroeste. Además, el hallazgo en los espacios de vertido y basureros de escorias, moldes y objetos de bronce y hierro indica el dominio por los ocupantes de la metalurgia de dichos metales.

Castrelín de San Juan (Foto Belén Martínez)

Castrelín de San Juan (Foto Belén Martínez)

Lo que vincula el poblado a la llegada de los romanos tal vez se evidencia en su final abrupto y repentino. Durante los dos siglos de ocupación, la actividad constructiva fue intensa de forma que pueden establecerse varias fases, con cambios en el plano del poblado. No obstante, el registro arqueológico indica que su final se produjo por el abandono simultáneo de todas sus construcciones, que fue planeado con suficiente tiempo para que en el yacimiento quedase casi solamente aquello que se consideró inservible. Se puede deducir que se trata de un castro desalojado que fue arruinándose lentamente por los efectos de la intemperie y la erosión. Naturalmente nos preguntamos hacia donde se trasladó la población y por qué motivo pasaron tantas molestias, pero tuvimos que suspenderlo y esperar a próximas paradas para continuar con este tema.

  • Mirador de Orellán

Antes de subir al mirador de Orellań, nos agrupamos bajo las sombras del aparcamiento cercano, donde, vía debates, Javier nos dio extensa información contextual sobre la naturaleza y gestión romana de las minas de oro del noroeste peninsular, que no siempre corrobora las creencias populares.

Las minas de oro, al contrario de otras hispanas en época imperial, eran de propiedad y gestión estatal, sin concesionarios privados, y comprenden los terrenos auríferos de las antiguas Asturia, Gallaecia y Lusitania. El fervor incesante por el oro de los romanos estaba basado en la necesidad de sostener el nuevo sistema monetario ligado al metal precioso, un medium excelente para demostrar el prestigio y estabilidad del imperio. Por ese motivo, si aplicamos el criterio de ´coste-beneficio´ de entidades modernas como bien planteó alguien, parecerían ilógicas las operaciones de mineras realizadas, ya que la ley media de oro en la zona (50mg/m3) carece rentabilidad en la actualidad. No obstante, para los romanos, la producción de áureo era un requisito imperativo ya que se trata de un metal estratégico y priorizaron las necesidades políticas sobre el retorno económico.

Así seguía la explotación en las Médulas entre el primer tercio del siglo I y finales del II o comienzos del III d. C, mediante el empleo de avanzadas tecnologías hidráulicas y el uso regular de mano de obra no cualificada ´de bajo coste´. Lejos de imaginar esclavos por todas partes, el testimonio arqueológico y las fuentes clásicas como Plinio el viejo indican que eran las propias comunidades del entorno, indígenas y libres pero sometidas a Roma (como peregrini) desde su conquista, las que proporcionaban esa fuerza de trabajo (operae) como una forma de tributo al fisco. Los desalojados de Castrelín que acabamos de visitar muy probablemente se habrían asentado en las civitates rurales ya romanas y asumirían múltiples tareas: la preparación y el mantenimiento de canales y depósitos, los trabajos de todas las fases del proceso minero, la fabricación de herramientas…

Con todo eso en mente, empezamos la subida por una cuesta serpenteante que conduce hacia el mirador de Orellán. Al lado derecho del camino abundan arbustos como las urces (brezos) que se utilizaban en las ágogas para retener el oro en polvo, pero al otro, donde alza la mirada, se extiende un vasto campo con colinas bajas y zanjas. Nos señaló Javier unas trazas del antiguo canal (la red hidráulica meridional de la mina de oro) , que hoy solo se ve como finos hilos gris-blanco cosido en una tela verde, fácilmente desapercibido al ojo no entrenado debido a la cada vez más tupida vegetación.

Clase sobre canales de recogida de agua en la subida al mirador de Orellán (Foto Belén Martínez)

Clase sobre canales de recogida de agua en la subida al mirador de Orellán (Foto Belén Martínez)

Red hidráulica meridional desde el mirador de Orellán (Foto Daniel Domínguez)

Nada más llegar al mirador de Orellán, tras una foto de grupo, nos dispersamos a coger el mejor spot para sacar fotos panorámicas de un paisaje espectacular y único.

El grupo viajero en el mirador de Orellán (Foto Andrés Carretero)

El grupo viajero en el mirador de Orellán (Foto Andrés Carretero)

Más de cien metros abajo, en los valles cubiertos por densos bosques de castaño se desplegaba una serie de colinas, de formación rojiza con frentes cortados en vertical, más bajas en el horizonte lejano y subiendo en altura hasta imponer el propio mirador donde estuvimos, revelando una galería sobre nuestro nivel. Aquí delante tenemos un paisaje esculpido por el famoso procedimiento ruina montium, que Javier describió vívidamente citando a Plinio el Viejo: ¨El monte destrozado cae por sí solo con un gran estruendo que no puede concebir la mente humana y al mismo tiempo con un vendaval increíble.” Las sucesivas operaciones confieren el característico frente multilobulado y cada entrante es el resultado de un derrumbamiento. No obstante, es evidente que la dirección general de derrumbe fue remontante, desde las zonas más bajas hasta las más altas, de modo que la zona del mirador de Orellán es el testimonio de la última de esas operaciones, aunque los escombros al pie de las colinas ya pasan desapercibidos bajo las canopias.

Desde el Mirador de Orellán (Foto Daniel Domínguez)

Desde el Mirador de Orellán (Foto Daniel Domínguez)

Durante mucho tiempo, la teoría más popular sobre la ruina montium se basaba en el empleo de una red de pozos y galerías que socavarían la masa a abatir, cuya base se saturaría con agua y que finalmente sería derribada mediante un golpe de ariete provocado por agua arrojada en tromba dentro de la red de galerías, que estarían cegadas y sin salida al exterior. Pero esta hipótesis no ha sido validada por los recientes estudios llevados a cabo en colaboración con especialistas en mecánica de rocas y mecánica de fluidos de la Universidad de Vigo. Según la nueva propuesta, primero hay que excavar una o varias galerías paralelas al frente de explotación en una o dos posiciones a lo largo de su altura, luego será necesario socavar o descalzar de alguna manera el talud, ya sea directamente en su pie o mediante una galería paralela al mismo sostenida con postes de madera, que advertirían cuando dicha excavación estuviese a punto de volverse inestable, y consecuentemente, también toda la parte superior del talud. Este procedimiento descrito se puede relacionar con la afirmación de Plinio: “terminada la obra hacen caer los soportes de los arcos a partir del último”.

Ruina montium, esquema

Ruina montium, esquema

Esa explotación masiva de ruina montium sirve para beneficiar estas zonas que poseían un mayor recubrimiento de la formación Las Médulas y poder alcanzar de una sola vez los niveles más ricos de la formación Santalla, dos estratos auríferos que nos enseñó a distinguir Javier. La formación Las Médulas, con una potencia de 100 metros y muy visible en los frentes a mano derecha del mirador, tiene un contenido de oro muy bajo: 0,02 g/m3 mientras la formación Santalla, debajo de la anterior y que puede alcanzar 30 metros de potencia, contiene hasta 1 o 2 g/m3. Naturalmente, el objetivo esencial de los antiguos mineros era la formación Santalla y la ruina montium les ahorró tiempo y recursos sin desperdiciar el enorme volumen de conglomerados de la formación Las Médulas, que una vez derrumbados se lavaban para conseguir oro. Todo el proceso de lavado y la posterior evacuación de estériles, junto a las infraestructuras relacionadas iban a ser el protagonista de paradas más tarde.

Eran operaciones inmensas que combinaban el conocimiento de avanzadas tecnologías y recursos que sólo movería una gestión pública. El centro administrativo principal fue Asturica Augusta (Astorga) y se conocen diversos cargos públicos relacionados con su administración y control técnico, en particular varios procuratores. También desempeñó un papel importante el ejército, que hacía labores de organización y control técnico, como atestiguan numerosas inscripciones.

Lamentablemente, no tuvimos tiempo para entrar en la gran galería al lado del mirador, aunque al final del día, sí que vimos de cerca mejores ejemplos de galerías (Cueva de La Encantada) que nos ayudan a reconstruir visualmente el método de la ruina montium.

Llevamos ya horas sumergidas en la minería romana de oro, y era momento de volver al campamento de Ágoga para comer y refrescar la mente, antes de continuar por la tarde con la red hidráulica de Las Médulas.

  • Campo de Braña, Pena Escribida,

Volvimos a los 4×4 y llegamos primero a Campo de Braña (4). Tras un caminito a campo abierto nos encontramos ante el resto del canal de Pena Escribida (la versión leonesa de ´escrita´) cuya longitud total suma 1,2 km y pertenece a la red hidráulica septentrional.

Canal de Peña Escribida (Foto Carmen Cabrera)

Canal de Peña Escribida (Foto Carmen Cabrera)

El tramo visitable, de 15 metros de largo, nos permite observar y tocar, desde muy cerca, como se tallaron en la roca los canales. Por el lado cerrado, la pared de varios metros de alto presenta marcas de tallado que muestran el uso de picos romanos con ángulo de 45 grados, y resulta muy cortante al tacto ya que estaban excavando en zona de pizarras. Por el lado abierto al campo, el perfil del canal varía en secciones: unas con un borde natural también excavado en roca formando una caja íntegra, y otras con grandes losas sacadas al excavar y aprovechadas como muro de cierre, que han desaparecido hoy en día y solo quedan los escalones de asiento del muro. Los bordes no son altos, entre 0,5 m y 0,7 m, pero suficiente para que cumplan la función de evitar el desbordamiento ya que antiguamente el nivel de agua en el canal no superaba los 10 cm. Eso es muy evidente al tocar la base de las paredes. Por donde pasaba el agua el tacto es suave debido a la erosión y la pared queda más pulida comparada con otras zonas de tallado original. Este tramo de canal cuenta con una anchura de 3 codos romanos, alrededor de 1,2 metros, lo cual nos obliga a jugar al tetrix para buscar un hueco donde estar. Estrecho hoy para acoger a 40 personas, funcionaba correctamente en época romana para captar agua desde el Arroyo de la Valiña y abastecer depósitos desde donde se distribuía a zonas de trabajo como el mirador de Orellán, mediante una pendiente suave de entre 1% y 2%, calculada para garantizar un flujo óptimo del agua sin erosión acelerada de las paredes. Salvo algunos canales tipo “valgones” con pendiente muy pronunciada de hasta 7%, la mayoría de los canales en las Médulas rinden una media de pendiente de 0,23%, que conducirá a una necesidad constante de limpieza y mantenimiento.

Para asegurar el buen rendimiento de los canales, además de un cuidadoso diseño y excavación, el mantenimiento jugó un papel íntegro e importante. Nos señaló Javier el resto de un poblado romano entre bosques en una ladera cercana, donde probablemente vivían los obreros encargados del mantenimiento de Pena Escribida, quienes recorrerían kilómetros diariamente para revisar, limpiar y reparar los tramos bajo su responsabilidad. Hoy se documentan 32 canales de abastecimiento y de explotación y Pena Escribida está numerado C30c por un orden que sigue en general su cronología a través de la vinculación con los diversos sectores de explotación de la mina. Dicha cronología relativa está siendo corroborada por las dataciones radiocarbónicas obtenidas a partir de la recogida y análisis de los sedimentos existentes en su fondo. Los 32 canales forman una red hidráulica de 806 km, destacando la fuerza del agua como elemento fundamental en el proceso de extracción y lavado del conglomerado, y el transporte y evacuación de los estériles. Esa red hidráulica se fue construyendo según avanzaba la mina, siguiendo las necesidades que surgían en el laboreo y se fue abandonado también según iba perdiendo utilidad (eso está reflejado en los innumerables cortes de casi toda la red por los propios trabajos mineros). Su trazado también tuvo que ser renovado continuamente, captando el agua cada vez en zonas más altas a medida que la mina de oro avanzaba desde el valle hasta las zonas altas y montañosas. Una verdadera maravilla de ingeniería hidráulica.

  • Mirador de Las Pedrices, Llagúa de Yeres y el depósito de agua D28

Dejamos atrás a Pena Escribida para seguir hacia un sector con una vista panorámica de 360. Una senda perimetral separa el mirador de Pedrices de la zona de Llagúa de Yeres, cuya tranquilidad fue interrumpida con nuestra llegada.

Nos dirigimos primero hacia el mirador, desde donde se veía de perfil el paisaje visto en Orellán con las colinas cortantes a la derecha en el fondo y todo el valle al frente cobrando más protagonismo. Sobre un amplio lienzo de verde, resaltan y llaman la atención muchos montículos de color gris-blanco dispersados y un pequeño lago azul hacia el horizonte, elementos fundamentales para explicar la huella de otros procesos de mina en esta parte del paisaje.

El valle visto desde el mirador de Las Pedrices (Foto María Jesús Cañellas)

El valle visto desde el mirador de Las Pedrices (Foto María Jesús Cañellas)

Del conglomerado anteriormente conseguido por ruina montium, todavía había que lavar y decantar el lodo aurífero antes de obtener el oro. Como describe Plinio el Viejo, utilizaban la fuerza de agua para llevarlo por canales de lavado o ágogas, canalones de madera con ramas de urces (que más tarde serían secados y, quemados y decantados) colocados en el fondo, y las partículas de oro se depositaban en el fondo dado que pesaba más que el lodo con el que estaba mezclado. Hoy no quedan restos de ágogas, ya que la materia orgánica no puede resistir el paso de tiempo de casi 2000 años, pero se puede documentar su emplazamiento, las fossae excavadas donde se colocaban, gracias a esos montículos que vimos. Porque antes de que el aluvión entrase en las ágogas se tenían que quitar los cantos rodados más gruesos que no podían pasar, y los obreros los depositaban de forma ordenada en montones alineados a los lados de las labores, en zonas ya explotadas. Esas pilas de cantos, denominadas murias, dan pistas sobre la ubicación de las ágogas. En muchos casos, la altura de las murias lleva a pensar en la utilización de poleas o trócleas movidas por fuerza animal o humana. El mayor o menor tamaño de los murias depende lógicamente de la granulometría que poseía el conglomerado en las diversas zonas según las formaciones geológicas afectadas, de forma que, en general, puede decirse que, a mayor tamaño y cantidad de cantos rodados, mayor es también la ley (el contenido de oro) del conglomerado tratado. La formación Santalla es la que poseía una granulometría más elevada.

Queda aún el proceso de retirar los materiales estériles de las zonas de trabajo para no impedir el avance de la explotación. Para eso construyeron los canales de evacuación por donde el flujo de material deshecho y lavado circuló antes de sedimentarse. En Las Médulas tuvieron y tienen una notable importancia, de forma que su presencia ha contribuido notablemente a configurar el paisaje. Abajo en el valle visto desde Pedrices, hay zonas permanentemente húmedas creadas por los canales de evacuación— el Lago Somido que mencionamos e íbamos a visitar más tarde.

Llagúa de Yeres (Foto Yanyan Huang)

Llagúa de Yeres (Foto Yanyan Huang)

Entonces dimos la vuelta y cruzamos la senda para echar un breve vistazo al otro lado, Llagúa de Yeres, donde el paisaje guarda una instantánea del proceso completo de minería de oro en campo abierto con otros métodos (selectivos o extensivos), eso si tienes el ojo igual de entrenado como Javier. Aunque tuvimos dificultades en identificar el resto de depósitos de agua y canales de explotación, era más fácil detectar las murias, el resto de un asentamiento romano a lo lejos (la Corona de Yeres) y, sobre todo, cómo el canal de aprovisionamiento de agua (C21) fue cortado por varios canales de evacuación.

Restos del depósito de agua D28 (Foto Yanyan Huang)

Restos del depósito de agua D28 (Foto Yanyan Huang)

Completamos las pautas en esta parada con la visita de un depósito de agua D28, a dos pasos del mirador. Es una zona hundida y cubierta de hierbajos justo al lado de la senda, que pasaría totalmente desapercibida si no nos lo hubiera enseñado Javier. De su forma original solo se veían unas rocas con marcas de talla, que formarían parte de las paredes originales. Como los depósitos son elementos imprescindibles de la red hidráulica romana para poder controlar la fuerza hidráulica, es muy importante saber la capacidad del mismo. Eso se hacía excavando y revelando todo el depósito completo para poder tomar las medidas necesarias y hacer el cálculo correspondiente. Pero por la destrucción de muchas estructuras mineras que supuso el propio avance de la mina, el estado de conservación de los que han llegado hasta la actualidad varía mucho y buena parte de los que en su momento tuvieron que existir fueron totalmente eliminados por ese avance. Los sondeos arqueológicos, conjuntamente con los estudios geofísicos como GPR (Radar de Penetración Terrestre) y ERT (Tomografía de Resistividad Eléctrica), permiten estimar, con suficiente aproximación, la dimensión y ubicación y cavidades de los depósitos, como en el caso del D22.

De los 39 depósitos documentados, el más grande es el D19 de Chaos da Cruz, con casi 11.000 m2 y con una capacidad superior a 20.000 m3, mientras una piscina olímpica moderna tiene una capacidad de 2.500 m3. Es uno de los depósitos más importantes de Las Médulas, que además se conserva en un excelente estado. Los depósitos de agua, junto con los 32 canales de abastecimiento en Las Medulas, forman la red hidráulica con más recorrido (800 km) en el imperio romano, superando incluso los aprox. 500 km de acueductos que abastecían la capital, Roma.

  • Lago Somido, y Mirador de Chao de Maseiros

Cogimos los 4×4 todo cuesta abajo hacia la siguiente parada, donde se puede observar el resultado del último proceso de la minería de oro en las Médulas, la evacuación de los estériles. También era fundamental la red hidráulica en esta operación: el agua se utilizaba para transportar estos residuos a través de los canales de evacuación y arrastrarlos hasta que quedaban depositados en lo que se denominan colas de lavado o conos de deyección. Nos encontramos ante uno de esos canales de evacuación —unas masas de agua endorreicas conocidas como el lago Somido y la preciosa escena nos deja casi sin aliento. El agua limpia está dotada de nenúfar blanco en floración y el reflejo de las nubes, y esa calma solo fue interrumpida por los renacuajos que nadaban dentro. Nos dejó Javier amablemente unos minutos para que pudiéramos sacar fotos pintorescas para el recuerdo antes de continuar.

Lago Somido (Foto M. Pilar Pesquera)

Lago Somido (Foto M. Pilar Pesquera)

Esos canales de evacuación arrojaban los estériles hacia la planicie conocida como Chao de Maseiros y al rellenar el valle a modo de dique natural, permitió la formación de un lago de alto valor ecológico, pero cuya fauna, lamentablemente, está en peligro por la introducción ilegal del cangrejo americano.

Camino al mirador de Chao de Maseiros, sobre las murias (Foto Javier Sánchez)

Camino al mirador de Chao de Maseiros, sobre las murias (Foto Javier Sánchez)

Los viajeros camino al mirador de Chao de Maseiros (Foto Andrés Carretero)

Los viajeros camino al mirador de Chao de Maseiros (Foto Andrés Carretero)

Seguimos por un camino cuidadosamente construido aprovechando los cantos grandes hacia el mirador de Chao de Maseiros, una pasarela natural que aprovechamos para unas fotos geniales del grupo.

La plataforma del mirador está instalada sobre un montículo de murias como asiento, y ofrece una panorámica del enorme valle colmatado por la acumulación de estériles, mayormente procedentes de las operaciones por ruina montium del sector 3, donde estuvimos esa misma mañana, y todo hacia el río Sil. Había seis colas de lavado en Las Médulas pero la más importante está aquí en Chao de Maseiros (E2), donde las acumulaciones de estériles fueron de tal envergadura que llegaron a taponar la salida del valle principal aguas abajo de Carucedo (el arroyo del Balao) y dieron lugar a la aparición del Lago de Carucedo, uno de los primeros lagos antrópicos conocidos en Europa, que se ve perfectamente desde el mirador.

El valle de Carucedo desde el mirador de Chao de Maseiros (Foto Daniel Domínguez)

El valle de Carucedo desde el mirador de Chao de Maseiros (Foto Daniel Domínguez)

Tal vez estériles para los romanos, estos grandes volúmenes de sedimentos movidos en la actividad minera de Las Médulas permiten recomponer hoy en día las dimensiones de la obra. Se estima que el material removido alcanza los 100 millones de metros cúbicos, unos 200 millones de toneladas. Al aplicar la ley media de oro de 50 mg/m3 de las Médulas, se estima que la producción conseguida en época romana sería de unas 4,5 a 5 toneladas de oro, o bien entre 28/24 o 31/26 kg Au/año. Con esos kilos se podrían acuñar entre 3300 y 4300 monedas de oro o aurei (de 7,2 g). Esta cantidad de 5 toneladas puede parecer escasa en comparación con la información de Plinio el Viejo, quien dice que: “Hay quienes han contado que Asturia, Gallaecia y Lusitania superan de este modo [en las minas de oro] las veinte mil libras (6.540 kg) cada año, pero que Asturia es la que más produce”, pero aporta un punto de vista diferente.

  • Senda de las Valiñas y Cueva de La Encantada

Volvimos a la base de Ágoga en los 4×4, y antes de dar por finalizada la intensa jornada, realizamos a pie un recorrido por la Senda de las Valiñas, disfrutando del paisaje proporcionado por los castaños, visitando la Cueva de La Encantada. Pese a la escasa ley de la formación Las Médulas, el crepúsculo bañaba las colinas desnudas en un tono dorado que recuerdan a montes de oro de verdad.

Entrada a la cueva Encantada (Foto Iván Gutiérrez)

Entrada a la cueva Encantada (Foto Iván Gutiérrez)

Javier tuvo el detalle de compartir con nosotros curiosidades más allá de la arqueología: toponimia y leyendas de Las Médulas. Si bien ya nos aleccionó sobre el origen del término de Las Médulas (probablemente derivado de la similitud con los medos, acumulación de pajas en la región) y de la ciudad de León (derivado del asentamiento por siglos de la Legio VII Gemina, y no del fiero animal), al recorrer la senda hasta la cueva de La Encantada, nombre sujeto a diferentes interpretaciones populares.

Atentos a las leyendas bercianas en el camino de las Valiñas (Foto M. Pilar Pesquera)

Atentos a las leyendas bercianas en el camino de las Valiñas (Foto M. Pilar Pesquera)

El lago de Carucedo, por ejemplo, se dice que se creó a partir de las lágrimas de Carissia, ninfa de origen astur que se enamoró del general romano Tito Carissio. Lo imposible de su amor, como en una versión de Romeo y Julieta, la llevó a tal tristeza que su llanto colmó el lago que hoy conocemos. Muchas leyendas asociadas al origen de los elementos arqueológicos de la región son fruto de la evolución de asociaciones paganas, luego cristianas, hoy en día desdibujadas en el folclore local.

Finalizamos la estancia en Las Médulas con una parrillada especial en Ágoga, donde se emplea como almacén y despensa una posible antigua cavidad de prospección minera de los romanos, debatiendo sobre lo vivido en el intenso día.

Astorga (Asturica Augusta)

El sábado nos despedimos efusivamente de Javier, y tomamos rumbo a Asturica Augusta, hoy en día Astorga, ciudad fundada en el año 14 a. C. como campamento de la Legio X Gemina. En su inicio gozó de especial esplendor gracias, entre otros factores, a las múltiples explotaciones mineras realizadas en el noroeste de la península, con especial interés en el oro extraído para el imperio.

Dado que la ciudad actual ha sido urbanizada sobre los restos de la antigua civitas romana, la cultura material de los hallazgos arqueológicos está expuesta en el Museo Romano de la ciudad y los yacimientos se pueden visitar en los sótanos de edificaciones actuales. Este palimpsesto urbano nos es explicado dentro de la visita que realizamos con el equipo del museo, ya que dividimos la visita entre las instalaciones del museo y un recorrido por yacimientos de la ciudad.

  • Museo Romano

Lo primero que captura la mirada cuando llegamos al Museo Romano de Astorga es la arquitectura de su nave principal abovedada, la Ergástula. Este imponente pórtico servía de base para un altar situado en el foro de la ciudad, y mantiene hasta el día de hoy la magnificencia de la construcción que antaño elevaba los edificios de mayor importancia. La estructura original realizada en mampostería de piedra y mortero de cal con un muro de 1,43 metros se articula a partir de una sola nave, un túnel de 50 m de largo por 4,93 de ancho y 5,60 de alto. Se aboveda con cañón de forma elíptica y un espesor de 0,90 m.

Museo Romano, Astorga (Foto Raquel Bartolomé)

Museo Romano, Astorga (Foto Raquel Bartolomé)

Comenzamos con un recorrido por el museo, en cuya planta baja se muestra un conjunto de estelas y lápidas que son testimonio de la vida en la ciudad. En esta colección epigráfica se reconocen lápidas de esclavos, libertos y soldados. De distinta factura y calidad en las tallas, se aprecia el estatus de los protagonistas. Visualizamos una teatralización audiovisual sobre uno de estos nombres esculpidos en piedra: la esclava Lyda, quien murió en Asturica a los 28 años. Thaumasto, su compañero, hizo un pequeño monumento para recuerdo de ambos. Sit tibi terra levis: «Séate la tierra Leve». Otras inscripciones interesantes son la que menciona a Nepote, procurador de Tiberio (lo cual confirma su estatus de ciudad en su reinado), así como un sillar con la inscripción “LXG” que representa la legión X doble.

En la planta superior recorremos en visita libre una exhibición de piezas arqueológicas de los múltiples yacimientos de la ciudad, en la destacan unas pinturas pompeyanas (frescos), un áureo de Tiberio, y varios elementos de canalización de aguas como tuberías de plomo o una llave de paso, idéntica a la que podemos encontrar en construcciones actuales. Una curiosidad es un pendiente de oro con gema verde que descubrieron en el canal de desagüe de la Terma Menor de la ciudad, quizás un indicio del uso de ese baño por parte de clases privilegiadas. También cabe mencionar la Tabla de Hospitalidad de Astorga (réplica de original en Museo Nacional de Berlín) donde se plasma un acto jurídico de pacto de hospitalidad (28 de abril del 27 d.C.) entre dos partes de la misma comunidad astur, y su renovación posterior (11 de julio del 152 d.C.), una pieza clave que refleja aspectos de la organización social, la relación con el poder romano y la vida cotidiana de sus habitantes. Numerosas cerámicas, lucernas, elementos constructivos y utensilios nos ofrecen una ventana de observación de la vida en Astorga en época romana.

  • Foso defensivo

La visita al museo se complementa con un recorrido por yacimientos encontrados en la ciudad, bajo edificios y estructuras contemporáneas, que pueden ser accedidas gracias a actuaciones realizadas para habilitar sus visitas. Comenzamos con los restos de la fundación de la ciudad, donde se identifica claramente el foso que, con el asentamiento militar de la Legio X Gemina, suponía la primera defensa de la ciudad.

Este campamento se debió asentar tras las guerras con los astures (finales del primer siglo a. C.) en lo que posteriormente sería Asturica Augusta, contando en primer lugar con un doble foso de sección en V, y seguramente complementado con una empalizada. Una vez fundada la ciudad, se incorporó una muralla de piedra, con torres semicirculares. Sucesivas fases constructivas de la ciudad dieron lugar a fortificaciones de las cuales observamos algunos vestigios, como lienzos de la primera muralla o la base de un torreón.

Primitivo foso defensivo, Astorga (Foto Raquel Bartolomé)

Primitivo foso defensivo, Astorga (Foto Raquel Bartolomé)

Según la ciudad crecía, la muralla se desplazó para dar mayor superficie a la misma, cayendo en desuso este trazado, no sin dejar las evidencias que podemos observar dentro de esta visita.

  • Termas menores

Seguimos con otro emplazamiento bajo edificios modernos, esta vez para visitar las Termas Menores de la ciudad. Punto de reunión de sus ciudadanos, consiste en un entramado de salas donde se mezclaba la relación social y el disfrute de un ingenioso sistema para calentar por cámaras subterráneas (hypocaustum) mediante hornos de ladrillo (praefurnium) situados bajo las mismas. Todas estas estructuras son visibles claramente, y se debate con la guía sobre el orden del recorrido que, entonces, los romanos realizaban. Pareciendo más lógico pasar desde la sala de agua fría (frigidarium) a la templada (tepidarium) y caliente (caldarium), bien podría ser al revés. En los canales de desagüe, cerrados con tejas, aparecieron algunas joyas (como un pendiente de oro), significando el elevado estatus de sus usuarios.

Termas menores, Astorga (Foto María Jesús Cañellas)

Termas menores, Astorga (Foto María Jesús Cañellas)

La presentación museística incluye una combinación de iluminación de salas y recreación de una conversación entre distinguidos ciudadanos romanos, comentando sobre sus asuntos de interés mientras recorren, una a una, las diferentes salas de las termas. La guía nos comentó que, aunque las termas eran un lugar de sociedad e higiene, los romanos evitaban acudir a ellas cuando tenían heridas abiertas, siendo conocedores del peligro de mojarlas en estos espacios públicos.

  • Domus

Tras el baño subterráneo, pasamos a visitar una domus junto al convento de los Padres Redentoristas y extendiéndose bajo la que, por dimensiones y elementos decorativos, se trató de una lujosa casa de la ciudad. Paseando sobre un suelo acristalado que protege el yacimiento visualizamos, entre otros elementos, un gran mosaico dedicado a Orfeo llamado “Del Oso y los Pájaros”, por las figuras representadas en el mismo, rodeadas de elementos florales. Además de la estancia decorada con el mosaico, la casa permite observar diferentes pavimentos en otras habitaciones: opus signinum (mortero de cal con fragmentos de ladrillo) para servicio y dormitorios, y opus spicatum (pavimento de ladrillo en espiga) para lo que podría ser comedor u oficio.

Domus del Mosaico del Oso y los Pájaros, Astorga (Foto Carmen Cabrera)

Domus del Mosaico del Oso y los Pájaros, Astorga (Foto Carmen Cabrera)

En cuanto a otras funciones de las estancias, destaca la existencia de un pequeño complejo termal privado, con la misma estructura que las termas anteriormente visitadas. Es perfectamente visible el horno donde se calentaba el agua, incluso la salida de desagüe que llevaría las aguas a las cloacas de la ciudad.

  • Cloacas

Siguiendo este recorrido del agua, nos toca bajar al subsuelo para llegar al sistema de cloacas de la ciudad romana. Unos metros bajo tierra se puede recorrer a pie una sección visitable de esta obra, teniendo cuidado de no dar con la cabeza, y no resbalar en el suelo húmedo. Se trata de un tramo de unos 100 metros, siendo unos 2 kilómetros los que conforman la red de cloacas de la ciudad romana. Se trata de galerías abovedadas, con alturas de hasta 1,7-1,8 m y una anchura de 1 m aprox, por cuyos suelos de pizarra se evacuaban el agua residual fuera de la ciudad hacia los ríos, que en el caso de Asturica Augusta, conducía al Jerga y el Tuerto, aspecto esencial de la sanidad en las infraestructuras romanas. La traza de las cloacas sigue la de las calles, lo que permite obtener una idea aproximada del urbanismo de Asturica Augusta, dispuesto ortogonalmente, con calles anchas de 4 a 7 m de anchura. Para dar constancia de la calidad constructiva de los romanos solo hay que ver el estado de conservación de estas galerías, no solo del segmento visitable (en el que el agua que corre es fruto de infiltraciones de los jardines en la superficie) sino de todo el entramado que, todavía hoy en día, sigue en uso para el desagüe de aguas de la ciudad de Astorga.

Cloaca romana, Astorga (Foto Iván Gutiérrez)

Cloaca romana, Astorga (Foto Iván Gutiérrez)

  •  Muralla

Por último, recorremos un paseo sobre la muralla de la ciudad, que ahora queda a los pies del visitante, rodeando el Jardín de la Sinagoga. Visualizando enfrente el monte Teleno, la altura de la muralla nos da una idea de su función defensiva, así como el control de los valles de paso entre las montañas. Como en todas las ciudades fortificadas, la muralla ha sufrido transformaciones a lo largo de los siglos, pero mantiene a día de hoy secciones con sus torres semicirculares.

  • Despedida

Nos despedimos de Astorga con el prometido y ansiado cocido maragato, pues es bien sabido que no hay viaje de AMAN sin una copiosa comida. La principal característica de este cocido es el orden inverso de su degustación, pues se comienza por las carnes, siguiendo con los garbanzos y verduras, para terminar con la sopa.

Cocido maragato (Foto Daniel Domínguez)

Cocido maragato (Foto Daniel Domínguez)

Según la tradición, este orden vino impuesto por la necesidad de las tropas de ingerir los elementos más nutritivos primero, temiendo tener que abandonar el ritual gastronómico por la urgencia de la batalla contra los franceses. Sea como fuere, se dio buena cuenta de los sucesivos platos, emulando las escenas de banquetes romanos, cerrando de esta forma la maravillosa visita a Las Médulas y Astorga.

Yanyan Huang

CODA

Tras el viaje, cuando estamos terminando esta crónica, sentimos la necesidad de añadir un capítulo extra, ya que durante el calor extremo de Agosto no se salvó Las Médulas de los múltiples incendios que afectaron a buena parte de España, y se alteró seriamente nuestro PM comparado con lo visto durante nuestro viaje de hace apenas dos meses. En el informe de reconocimiento de Javier vemos fotos y descripciones de tantos lugares conocidos en el viaje con distinto grado de daño por el fuego: «el mirador de Chaos de Maseiros ha quedado totalmente arrasado con apenas unos restos metálicos visibles en superficie y la cola de lavado E2 ha sido afectado en su tercio medio»; o «en aquellas zonas como las Pedrices… donde las murias quedaron apiladas desde época Romana …, la vegetación que las cubría y que también contribuía a su estabilidad ha quedado casi totalmente eliminada». Nos duele ver las colinas desnudas, negras y quebradas ahora, y nos preocupa el efecto adverso para la conservación de las antiguas minas romanas por erosión ante desaparición de la vegetación protectora, pero sobre todo nos angustia lo que han tenido que sufrir y aguantar nuestros queridos anfitriones, Pedro y Fina, y tantos otros habitantes de los pueblos afectados.  Estuvimos siguiendo las noticias del incendio e intercambiando información en el grupo de WhatsApp desde principio, ansiando por saber el bienestar de la pareja. Aclamamos el valor de Pedro al quedarse en el pueblo durante evacuación, aplaudimos su acto heroico de haber salvado casas de los vecinos, y nos conmovió al escucharle contando la experiencia en la radio. Nos alivió que no les afectaron mucho el fuego y nos alegramos de que se encuentren bien, con espíritu luchador para reconstruir y queremos poder también contribuir por nuestra parte, esperando así, entre todos, devolver a Las Medulas y sus gentes el esplendor que les corresponde, y confiar que en el futuro, con las adecuadas medidas implementadas, jamás volverá a suceder nada parecido.

En conmemoración a la gloria que nos demostró Las Médulas en nuestro viaje, quería dedicarle un poema en Chino junto con su traducción al Castellano, para que perdure en nuestra memoria su extraordinaria singularidad y se alce nuestro deseo de que renazca de sus cenizas, como el ave Fénix.

Yanyan Huang

Poema a Las Médulas, Yanyan Huang

Poema a Las Médulas, Yanyan Huang